lunes, 1 de abril de 2013

EL "SÍNDROME DEL NIDO" EXISTE

Nunca había entendido que era aquella expresión de la que hablaban algunas embarazadas y madres ya experimentadas, de esa obsesión súbita por las limpiezas generales que les daba por hacer en la recta final de su embarazo, cuando ya estaban a punto de dar a luz.

Cuando mi embarazo ya estaba entrado en el tercer trimestre muchas de aquellas me preguntaban por el dichoso síndrome y me contaban sus experiencias y sus obsesiones por colocar, almacenar, limpiar y decorar todo lo que encontraban a su paso.

La matrona me explicó que, en la recta final del embarazo, algunas mujeres tienden a desarrollar una gran actividad. Se trata de una reacción conocida como “síndrome del nido”, provocada por su deseo de tenerlo todo listo para cuando nazca su bebé. Un sorprendente estado de fuerza y euforia que experimentan algunas futuras mamás en las últimas semanas de su embarazo, justo cuando la mayoría se sienten más hartas y agotadas. Vamos, que aquellas conductas se catalogaban de manera clínica…

Pensaba que estos comportamientos los presentaban aquellas embarazadas que tenían mucho tiempo libre, que estaban ociosas, se aburrían y no tenían nada mejor que hacer las semanas previas a que el embarazo llegara a su fin…




FASE EPIDÉMICA, EL PERIODO DE INCUBACIÓN

En el tercer trimestre del embarazo mi barriga ya había adquirido unas dimensiones sobrenaturales, así que comencé a asistir a las clases de preparación al parto, y, curiosamente uno de los temas recurrentes de conversación entre las más adelantadas era esa obsesión obsesivo-compulsiva  por las limpiezas generales y la asepticidad de todo recoveco de la casa antes de que llegará el bebé… Parecía que aquella locura transitoria se contagiaba.

No entendía muy bien de dónde sacaban la energía y las ganas para desempeñar tales actividades cuando yo a esas alturas me sentía harta y agotada (y lo que me quedaba). Todos los kilos que había aumentado se concentraban en torno a mi cintura y la barriga, que había crecido hacia adelante, se suspendía desafiando la gravedad y casi haciéndome perder el sentido del equilibrio, lo que me obligaba a caminar con una mano sujetando aquella gran masa y con la otra mi sufrida espalda, vamos, que esa imagen idílica de embarazada feliz, relajada y sonriente mientras acaricia su barriga no iba conmigo, tengo que ser sincera y reconocer que el embarazo no ha sido la etapa más maravillosa de mi vida, ni mucho menos.


LOS PRIMEROS SÍNTOMAS

Avanzado ya el séptimo mes de la gestación y en pleno apogeo del calor veraniego, en el que los días pasaban lentos y calurosos, comencé a levantarme cada mañana con un sorprendente estado de euforia y de energía.

De repente me dí cuenta de que la barriga crecía peligrosamente y que no habíamos preparado nada para el nuevo inquilino…. Así que empecé a agobiarme con los cambios que había que hacer en la casa para acomodar todo lo que iba a necesitar el bebé, faltaba espacio, así que había que hacer nuevos armarios, desmantelar un estudio, comprar muebles, decorar la habitación… y es que tengo que reconocer que a esas alturas no habíamos hecho nada aún. Así que de golpe y porrazo me invadieron unas ganas irrefrenables por hacer todo corriendo, porque además, se me había metido en la cabeza (debía ser para darle más emoción y presión al asunto) que el parto se iba a adelantar.

Así pues, lo se supone que iba a ser elegir el dormitorio y la decoración con calma, de tienda en tienda, sin prisa y todo estupendo, se presentó como algo que había que resolver cuanto antes, había que tomar decisiones y no había tiempo para recrearse con las revistas de decoración.



EL ESTADO DECLARADO

De un día para otro la casa se convirtió en una batalla campal, obras, cajas, muebles de ikea desplegados por el pasillo… de repente nos dimos cuenta en el “fregado” que nos habíamos metido apenas a un mes de mi FPP (fecha probable de parto para los novatos), así que con mi nidito patas arriba mi marido, en un alarde de liarse la manta a la cabeza y comerse todo el marrón él solo (y para evitar crispaciones conyugales), decidió evacuarme un par de días a casa de mis padres para poner en orden todo aquello. Con lo que se puede comprobar que el síndrome del nido recae, por extensión, sobre la pareja de la gestante.

A mi vuelta al hogar pude comprobar que mi pareja había realizado con gran éxito y rapidez la remodelación prevista en la casa, pero para mí no era suficiente, aún faltaban cosas, ahora que había terminado la fase de las obras y el montaje de muebles había que llegar más a fondo, era el momento de poner lavadoras, lavar cortinas, fundas de sofás, recolocar altillos etc. 

El afán por hacer más no parecía tener fin, cada mañana esperaba impaciente a que mi marido saliera por la puerta para subirme a los sitios más recónditos de los altillos, colgar y descolgar cortinas y hacer todo tipo de malabarismos, que ahora que lo pienso, no sé cómo me atrevía a hacer semejantes habilidades con el bombo a punto de explotar, eso sí, a última hora de la tarde apenas era capaz de darme una triste vuelta a la manzana, cada tres pasos necesitaba parar y sentarme….en cambio, para faenar en casa tenía una energía que no sé de donde provenía….

Y así iban pasando los días, cada día con un reto nuevo, trajinando a todas horas, cuando una tarde me visito mi madre y, con la habitación del bebé ya de exposición, me sugirió que por qué no me animaba a pintar (a esas alturas! Pintar!)… y por qué no, ya de paso poner papel… yo ví cómo mi marido comenzaba a palidecer con la idea, que a mí por supuesto me pareció fantástica, tanto, que nos pondríamos a ello al día siguiente, no había tiempo que perder.  Aquella noche no pude dormir pensando en colores, estampaciones de papel etc., Pero entonces un dilema sobre qué color elegir y la locura de motivos, texturas y colores que me venían a la cabeza, tuvieron la culpa (o la fortuna) de que decidiera abortar la tarea (Creo que lo pensé tanto que me saturé, menos mal).



FASE DE REESTABLECIMIENTO

Cuando por fin terminé de lavar e incluso planchar cientos de prendas miniatura, esas ganas irrefrenables de ordenar armarios, poner lavadoras y jugar a ser decoradora al fin fueron amainando, creo que toda aquella fuerza espontánea ya me había puesto a prueba con el fin de prepararme para afrontar el parto.

Parece ser que aquella sorprendente hiperactividad era una forma de evasión en la recta final del embarazo ante la inminente llegada del parto. Así que, si alguien se ve afectada por él, que procure controlar la euforia aunque se sienta capaz de todo, pues un esfuerzo excesivo podría acarrear un adelanto del parto, lo que no sería bueno ni para la madre ni para el bebé.

Se recomienda evitar las tareas que obliguen a estar de pie o a coger peso y las que supongan un excesivo gasto de calorías. El organismo tiene un sobrepeso de varios kilos, el metabolismo está acelerado para satisfacer las necesidades del bebé, no se duerme bien... Y todo ello supone un desgaste extra de energías que no se debe acentuar. 

El síndrome del nido tiene múltiples manifestaciones siendo la de la limpieza y el orden la más conocida, pero se conocen casos extremos como organizar y colocar todos los objetos en un determinado orden por colores, tamaños, formas, guardando cierta simetría, acumular todo tipo de objetos de puericultura que se intuyen imprescindibles para la crianza del bebé… eso sí, que nadie se alarme, es pasajero….




1 comentario:

  1. A mi las ganas de limpiar me entran cuando estoy premenstrual asi q no me quiero imaginar cuando este embarazada

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